Al comienzo de nuestra amistad, Ira me enseño tres hojas de papel, con el encabezamiento: “Algunas sugerencias concretas para uso de Ringold”, (…): “Primero: ten siempre un diccionario a mano, que sea bueno y con muchos antónimos y sinónimos, incluso cuando escribas una nota para el lechero. Y úsalo. No te tomes a la ligera la ortografía y la precisión del significado, como te has acostumbrado a hacer. Segundo: escribe siempre a doble espacio, a fin de permitir la interpolación de ideas posteriores y correcciones. No me importa que eso no se acostumbre a hacer en la correspondencia personal: lo que importa es la exactitud de la expresión. Tercero: no amontones tus pensamientos en la página mecanografiada: Cada vez que te ocupes de una nueva idea o amplíes lo que ya has expuesto, inicia un nuevo párrafo. Tal vez el texto parecerá un tanto espasmódico, pero será mucho más legible. Cuarto: evita los clichés. Aunque tengas que darle la vuelta, expresa algo que has leído u oído citar con frases distintas de las originales. Una de tus frases de la otra noche en la sesión de la biblioteca puede servir de ejemplo: “Expondré brevemente algunos de los males del presente régimen…” Eso lo has leído, (…), y no es tuyo, sino de otra persona. (…)
(Roth, Philip: Me casé con un comunista)