miércoles, 7 de diciembre de 2011

De la memoria y el olvido

Hace algunos días, comentaba en un blog que utilizamos la expresión memoria histórica para referirnos a una época concreta,cuando toda la historia es memoria -algo que ya había argumentado aquí.Seguí dándole vueltas al asunto y llegué a la conclusión de que, aún siendo reductor, es un término muy apropiado. En el artículo citado  escribía que la memoria es historia y que sin memoria, sin recuerdos, no tenemos historia ni identidad.

(...)lo cierto es que esa persona ha perdido todas las referencias que le permiten comprender quien es y, lo que quizá sea más importante, por qué es así. Hará todo lo posible por recuperar ese espacio en blanco y en caso de no conseguirlo, pasará el resto de su vida con una carencia.

En eso precisamente consiste  la recuperación de la memoria histórica; en  la necesidad de saber, de completar ese espacio en blanco. Me vienen a la mente un par de personas que llamaron al archivo; buscaban saber que había sido de su abuelo. Una de ellas me decía que los únicos datos de que disponía era que le habían enviado a Langreo a cumplir condena trabajando en las minas (donde hoy se encuentra el economato de Hunosa, existía una colonia penitenciaria) y que había muerto de gangrena.

También me comentaba que su madre apenas sabía nada de lo que le había sucedido a su padre y que su abuela solo le había comentado algo cuando ella  había empezado a preguntar.

Recuerdo que tras hablar con ellos –fueron varias consultas bastante próximas entre sí- pensé que estaban en el mismo caso que esas personas que han perdido a un familiar, pero cuyo cuerpo no aparece y no pueden cerrar esa herida.

Alejandro M. Gallo recoge muy bien esto en su novela  Los Caballeros de la muerte:

La primera generación sufrió la represión, la segunda enmudeció, por miedo, por pánico, por asco, por…; la tercera se está preguntando que ocurrió, dónde están sus abuelos

En relación con este silencio y el por qué de él, recuerdo también a Avelino Cabricano quien venía de vez en cuando por el archivo y que una vez me comentaba que tenían tan interiorizada la necesidad de callar que no se dio cuenta de que no hablaba de ello hasta que uno de sus hijos, siendo ya mayor, se lo hizo notar. Me comentaba que creía que era una reacción instintiva; el miedo de que algun comentario repetido por alguno de los niños en el colegio u otro lugar les pusiera en peligro.

Hector Abad Faciolince en  El olvido que seremos (un libro maravilloso cuya lectura les recomiendo y no les dejará indiferente) al explicar la razón para escribirlo dice:

(…). ¿Para qué? Para nada; o para lo más simple y esencial: para que se sepa. Para alargar su recuerdo un poco más, antes de que llegue el olvido definitivo.

2 comentarios:

Amando Carabias María dijo...

No sé quién dijo que el ser humano es palabra y memoria, un poeta, pero no recuerdo quién. Así que el conjunto de los seres humanos, más aún.

l'archivadora dijo...

Muy cierto, Amando