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viernes, 1 de julio de 2011

La última fosa. Revolución del 34: Caso abierto

Incorporamos a la biblioteca (virtual) del archivo otro libro de Alejandro Martínez Gallo. Se trata de La última fosa. Revolución del 34: caso abierto que junto con Una mina llamada infierno y Los Caballeros de la muerte, del que ya hablé, conforman la que algunos llaman trilogía de la mina.

Los libros están concebidos y pueden leerse de forma independiente, aunque los dos primeros (Una mina … y La última fosa) estén protagonizados por el Inspector Ramalho da Costa, alias “El Trini”. Si se les da la denominación de trilogía de la mina es porque el escenario geográfico de todos ellos son cuencas mineras: la leonesa (zona de Villablino) en el primero, la del Caudal en el segundo y la del Nalón en el último.

¿Por qué la incluyo en nuestra biblioteca? En primer lugar porque si bien  el escenario principal de la acción es Mieres, también aparecen Ciaño, de donde es “El Trini” y Sama ( la sidrería El Miramar o el antiguo cuartel de la Guardia  Civil) además de mencionarse el cierre de la empresa Menasa.

Encuadrada en el género nego es a la vez una novela histórica o sobre la memoria histórica. Desde este punto de vista me gustó mucho y es aquí donde encaja especialmente en nuestra biblioteca ya que hace alusión y describe bastante bien los sucesos de la revolución de octubre del 34 con especial hincapie en el ataque al cuartel de la Guardia Civil de Sama.

Como novela negra, me pareció demasiado “fácil” la forma en que El Trini y su amigo el Coronel encuentran las pistas para resolver el asesinato del 34 y también un pelín forzado la resolución del actual. Además, algunos personajes como los pijos ovetenses me parecieron demasiado estereotipados

 Puede que mi “dureza” de juicio provenga de haber leído en primer lugar Los Caballeros de la muerte. Por cierto que el autor se hace un guiño a si mismo  al hacer que mientras El Trini y El coronel están en una biblioteca, uno de los usuarios lleva en préstamo una novela llamada precisamente así: Los caballeros de la muerte  

En cualquier caso es una novela que se lee muy bien y que recomiendo tanto a los amantes del género negro (entre los que me encuentro) como a quienes buscan literatura relacionada con Langreo (entre los que también estoy)  

jueves, 24 de marzo de 2011

Caballeros de la muerte

La participación en una ruta literaria basada en este libro y organizada por la biblioteca de Riaño, fue la inspiración para el taller de historia  que, en colaboración con el I.E.S. Jerónimo Gonzalez ha organizado el archivo este curso.

Alejandro M. Gallo
 Reconozco que anteriormente a la lectura de este libro, lo único que había leído de Alejandro Gallo (quien fue sargento jefe de la policía local langreana) habían sido sus colaboraciones en La Nueva España. Al comenzar a leer tenía cierto recelo ¿Qué tal escritor será? Si mi valoración sirve de algo, diré que me ha parecido bueno. Su estilo es austero, con frases cortas y una prosa sobria; la historia está contada en segunda persona, lo que provoca cierto distanciamiento que no le quita ni un ápice de intensidad ni de emoción a la historia.

Es una novela difícil de encuadrar, por un lado podemos incluirla en el género negro, al más puro estilo clásico. El protagonista de la novela vuelve a España, tras la muerte de Franco, para vengar la muerte de su hermano, ocurrida hace cuarenta años (eran maquis, guerrilleros) y para ello debe descubrir quién fue el asesino; hay afán de venganza –o de justicia-, violencia y nos muestra un lado muy oscuro de la sociedad.

Portada del libro
Pero es además una novela histórica -puede que el autor no esté de acuerdo con ello, al fin y al cabo cualquier novela que no transcurra en la actualidad podría clasificarse de tal- Remarco histórica y no “sobre la guerra civil” porque lo que nos encontramos es alguna referencia a la “preguerra” -la revolución del 34 (1934)- y a las guerrillas que tras el final de la guerra, siguieron durante algunos años hostigando al régimen.

Habla también del presente (de la novela) 1977; en España se está produciendo la transición, una constitución será aprobada en breve. Unos lo miran con esperanza y otros no quieren que eso suceda. Además, muerto el enemigo común, las diferencias entre unos y otros comienzan a hacerse sentir, ¡ay, la ideología!

Nuevamente vuelvo a caer en la contradicción al decir que es una novela dura –una buena cosecha de muertos, palizas además de otras torturas o la mención a los mareos, de los que no sabía nada – pero que al mismo tiempo me emocionó

La novela transcurre por tierras asturianas y de León pero la mayor parte de ella lo es en esta cuenca  minera en la que trabajo desde hace bastantes años. Reconozco muchos de los lugares que menciona y no puedo por menos de sonreír y recordar mi primer viaje como conductora por la carretera de Santo Emiliano cuando leo:

Observas desde el taxi el camino que asciende al alto de Santo Emiliano. Todavía no han conseguido eliminar sus curvas opacas en una pendiente que los mulos emprendían con asfixia. Llegáis casi a la cima que separa los dos valles, las dos ciudades, pero que confluyen en una misma historia.

Pienso en los chigres, ya casi inexistentes, en los que el suelo estaba cubierto de serrín para empapar la sidra que chiscaba el suelo al escanciar o en las botellas de sidra vacías que se acumulan en los mostradores o en las mesas (es la forma de llevar la cuenta de la sidra que se toma)

Cuando habla de la memoria histórica me vienen a la cabeza algunas de esas terceras generaciones con las que hablé y que me contaban algo muy similar a esto:

_La primera generación sufrió la represión, la segunda enmudeció, por miedo, por pánico, por asco, por…; la tercera se está preguntando que ocurrió, dónde están sus abuelos.

O me acuerdo de A. C. cuando me contaba habían interiorizado el miedo a hablar hasta tal punto que no fue consciente que no hablaba de ello hasta que uno de sus hijos le dijo que jamás les hablaba de aquella época. También de aquellos maestros que, nuevamente por miedo, habían quemado todos los documentos que les acreditaban como tales. Situaciones todas que viví en el trabajo y me quedaron muy grabadas.

Me gusta que se mencionen los archivos, aunque sea de refilón, y me alegro de que casi al final incluya esta frase:

La historia enseña que la memoria puede sobrevivir porfiadamente a todas sus prisiones y enseña que la justicia puede ser más fuerte que el miedo.

lunes, 19 de julio de 2010

Ciudades y literatura

Chueca Goitia en su ya clásica Breve Historia del Urbanismo dice: "No deben, pues, perderse de vista, al estudiar las ciudades, las valiosas fuentes que nos ofrece la literatura." Y precisamente por ello, porque considero a la literatura como una valiosa fuente que contiene información sobre muchos aspectos de este concejo, de vez en cuando traeré al blog reseñas de libros o fragmentos de ellos que cumplan con lo arriba expresado.
Inauguro hoy esta sección -lugares y palabras-entresacando varios párrafos del libro de Alejandro M. Gallo, Caballeros de la muerte, ambientado en esta cuenca minera. Un ejemplo de como la literatura es, tal como decía Chueca Goitia, una valiosa fuente  al estudiar las ciudades.
 
"Estas llegando al destino, el valle del Nalón. Podrías apearte en cualquiera de sus estaciones, pero prefieres hacerlo antes de llegar a Santa Bárbara, allí es más fácil que te reconozcan. La Felguera, estas bien ahí.

La estación es pequeña, pero tiene los mismos olores y sonidos de antaño. Y añade sus ausencias y miradas. Estás en casa, tu misión comienza

Necesitas un alojamiento, pero puede esperar. Aún tienes que contemplar las chimeneas de la térmica, las fachadas de las fábricas, las naves de los talleres, las escombreras de carbón en medio de las montañas, los castilletes de los pozos… Sentir el carbón en el aire, las partículas de polvo bailando al viento y el rugido de las sirenas de los cambios de turno en cualquier empresa. Y pasear por su parque, su minúsculo parque, y contemplas embobado a un abuelo como juegan sus nietos.
Pegado al zócalo del quiosco de la música, bajo el enrejado que sostiene su cúpula modernista, un ciego toca el violín (…)

Llenáis el depósito del bólido y tu improvisado amigo encamina el vehículo hacia la plaza de abastos de Sama. Algo detiene el tráfico en el puente sobre el río Nalón.
_rediós, seguro que hay güelga en el pozu El Fondón, (…)
Te apoyas en la barandilla del puente a contemplar las aguas del río. (…) Hoy, las aguas del río no evocan más que sangre y los famosos mareos. Los mareos, un escalofrío recorre tu cuerpo, aún crees ver a algún guerrillero capturado y arrojado al río, y cómo varios fusiles desde el puente practicaban puntería, hasta que el cadáver flotaba río abajo
A la derecha, el cuartel de la Guardia Civil, en medio de las dos poblaciones. (…)
Atravesáis Sama. Al llegar hacia la mitad del recorrido, Pichi gira hacia la derecha. Estaciona el vehículo y dice:
_esta yé la plaza de abastus"