martes, 10 de julio de 2012

Protección de datos

Guárdeme mi padre.
Guárdeme mi madre.
Si no me guardo yo,
nadie me ha de guardar


  Este romance o dicho asturiano podría muy bien utilizarse como introducción en los cursos sobre protección de datos. De hecho, esto mismo aunque no de esta forma, nos vino a decir -Ricard Martínez Martínez en el curso sobre Administración electrónica y protección de datos de carácter personal que impartió a principios del pasado mes de junio.

  El ponente, profesor de derecho constitucional en la Universitàt de Valencia y que actualmente preside la Asociación Profesional Española de Privacidad,) hizo gala no solo de sus conocimientos sino de un sentido del humor que permitió que el curso resultara muy ameno.

  Resultaba inevitable que en el curso salieran a relucir aspectos relacionados con el comercio electrónico, las redes sociales –no sin cierta sorna comentaba que ahora quien no tiene perfil en facebook no es nadie-o el uso de los iphone o los smartphone hace que estemos perfectamente localizados e identificados -el Gran Hermano del que nos hablaba Orwell hace tiempo que es una realidad.

  Nos ponía un ejemplo cercano a él: el caso de un niño del que lo sabía todo ya antes de que naciera –su padre habia colgado una ecografía en la red. Como ese hay cientos de casos que todos conocemos: fotos que se suben a facebook (o cualquier otra red social) sin ningún cuidado o comentarios más o menos afortunados y que luego pueden volverse en nuestra contra. (Son cada vez más frecuentes las búsquedas de los perfiles en facebook de los candidatos a una oferta de trabajo o los despidos tras haber criticado en esa misma red social a los jefes)

  No tenemos que llegar a estos casos: ¿Habéis oído hablar de la minería de datos? A través del rastro que dejamos –páginas que visitamos, páginas o comentarios en los que pinchamos Me gusta; compras que realizamos, lugares desde los que conectamos o simples comentarios sobre nuestra vida, podemos ser nosotros mismos quienes estemos facilitando esos datos personales que luego, por otro lado, exigimos que sean custodiados y protegidos.

  No eximamos a los organismos públicos o privados de un correcto uso y custodia de la información que por uno u otro motivo tengamos que facilitarle, al contrario;  pero no obviemos nuestra propia responsabilidad en la protección de nuestra intimidad y nuestros datos de carácter personal.

  Ah, y un último consejo, muy tonto pero que aún hay gente que no pone en práctica. Cuando enviéis un correo a muchas personas o desconocidas entre sí usad la copia oculta (CCC). En cuanto a las cadenas –esos correos víricos que recibimos y volvemos a enviar: power points, supuestos avisos contra virus informáticos, etc- lo mejor sería no continuar con ellas pero, caso de hacerlo ¡Por favor! Borrad los correos anteriores y, como ya he dicho, usad la copia oculta. Aunque no lo creáis, la dirección de correo electrónico también es un dato de carácter personal.