lunes, 23 de julio de 2012

Un paseo en el tiempo

En mi colaboración para el porfolio de las fiestas de Santiago 2012 he intentado acercarles la historia del parque Dorado de una forma diferente.   También pueden leerlo aquí:
Más de una vez he cruzado o paseado por el parque; con mayor frecuencia ahora que el archivo está tan próximo. Reconozco que casi nunca le “hago caso” pero hoy he decidido dar un paseo calmado y atento. Me siento en uno de sus bancos mientras pienso en la documentación y las fotografías antiguas que he estado consultando. Intento ordenar en mi mente todos esos datos pero el calor y la hora contribuyen a que se me cierren los ojos.

He debido quedarme dormida y me ha despertado un bullicio que antes no había. Noto algo distinto en el parque; los árboles parecen mucho más jóvenes y las plantas y flores no son las que había visto hace unos minutos Me levanto y salgo al paseo central… ¿Qué es esto? ¿Estas farolas de fundición en el centro del paseo? ¿Qué le ha sucedido al quiosco de la música? ¿Y por qué esta reunida toda esa gente?

Tengo que estar soñando. El quiosco está en el mismo sitio de siempre pero no presenta el mismo aspecto; tiene una balaustrada de piedra y está sin cubrir. Ahora recuerdo que Dorado encargó al arquitecto Manuel del Busto que hiciera un quiosco de la música de piedra para sustituir a uno anterior de madera pero eso fue en… ¿Qué ocurre aquí?

Debo haberlo dicho en voz alta porque un señor vestido al estilo de principios del siglo XX.- me contesta _ ¿Recién llegada? Pues ha tenido suerte; estamos inaugurando el monumento a nuestro alcalde don Antonio María Dorado. (Empiezo a pensar que o bien estoy loca o, más probablemente, esto es un sueño porque los acontecimientos de los que habla sucedieron en 1906) El señor, amablemente, me sigue explicando: ¬_En realidad nos hubiera gustado hacer coincidir la inauguración con las fiestas de Santiago pero no fue posible así que hemos tenido que esperar a hoy (15 de septiembre)

A estas alturas estoy convencida de que estoy soñando ¿Por qué no aprovechar y fijarme en como era el parque en esa fecha? Recién construido –apenas tiene cuatro años- los árboles y plantas se ven muy jóvenes. Una hilera de farolas de hierro recorre el paseo central y marca el eje longitudinal del parque.

La estatua a Dorado no ocupa el lugar que conozco sino que está frente al quiosco de la música; tras ella se puede ver la iglesia. Al mirar en esa dirección echo en falta el edificio de La Montera, tan característico, pero es cierto que aún faltan seis años para que sea construido.

Cerca de ellos, en un lugar central del paseo se encuentra la fuente con el amorcillo. El vaso es mucho mayor y de forma más elaborada, al estilo de las que se encuentran en el parque del muelle de Avilés o el paseo del Bombé en Oviedo. Pienso que en su emplazamiento original resulta mucho más majestuosa que en el lugar que siempre he conocido ¿por qué lo cambiarían?

Me resulta extraño no encontrarme con La Carbonera pero incluso los sueños mantienen cierta lógica y ese monumento no se construirá hasta dentro de unos años. Mientras voy de regreso al banco –va siendo hora de despertar- observo que tampoco están (no se construirán hasta muchos años después) el resto de elementos que para mí forman parte indisoluble del parque.

Cuando abro los ojos está anocheciendo; he perdido la noción del tiempo. Vuelvo a oir música y también murmullo de conversaciones y carcajadas. Guirnaldas de bombillas jalonan el espacio, iluminándolo. Esto resulta cada vez más inquietante; para tranquilizarme me digo que no hay por qué preocuparse; no es la primera vez que sueño que estoy despierta.

Algo más calmada me decido a dar un nuevo paseo; como el sonido proviene del quiosco me dirijo hacia allí. Veo que al contrario que hace un rato (en realidad son varios años) está ya cubierto. En su interior, Cipriano Pedrosa dirige a la banda municipal de música. Me paro frente a ellos no tanto porque me guste la música como para contemplar la edificación. La habitual sensación de abandono y decadencia que me invade cuando paso junto a él no la percibo ahora. ¡Qué bonito es!

Voy rodeándolo para contemplarlo con detenimiento y al hacerlo mi mirada tropieza con el monumento a Adaro, La Carbonera. Aún no conozco el año en que estoy pero es evidente que tiene que ser posterior a 1918 ya que fue entonces cuando se inauguró, precisamente el 25 de julio. ¡Claro, eso es! Son las fiestas de Santiago pero aún no sé el año y no puedo preguntarlo; me tomarían por loca –quizás lo esté-.

Me acerco a La Carbonera ¡que joven se la ve! Frente a ella hay un bar –lo conozco, es el quiosco de bebidas que también había construido Del Busto y que se mantuvo hasta la década de los cincuenta. Me gusta, me recuerda a algunas de sus otras edificaciones.

Resulta entretenido observar la situación. La gente vestida de fiesta, unos paseando, otros sentados a las mesas tomando algo. Algunas parejas bailan y más de uno aprovecha para cortejar. ¡Cuanta gente! ¡Sí que eran importantes las fiestas en esta época!, pero sigo sin saber en que año estoy. Menos mal que hay cosas que no cambian: un cartel situado en la entrada del parque me da la respuesta; estoy, estamos en las fiestas de Santiago Apostol de 1932.

Ahora sí puedo ver la esquina con el edificio de La Montera y al fondo la iglesia, aunque no es la misma que conozco -ésta será destruída durante la guerra civil-. Por lo que puedo observar, a excepción de la Carbonera y la cubrición del quiosco, nada ha cambiado en el parque; bueno, los árboles han crecido.


Resulta divertido e interesante esta especie de viaje en el tiempo. Si pudiera elegir una fecha sería el 1 de mayo de 1957. Me voy corriendo al banco y hago como cuando era pequeña y llegaba la noche de reyes. Cierro los ojos muy, muy fuerte, ¡A ver que pasa!
                                                                                                                 (.../...)

La próxima semana la segunda parte